Hace mucho tiempo, cuando servidor de ustedes comenzó en esto de los blogs, hubo un señor que por aquel entonces le metió en la cabeza que esto de las bitácoras podría servir de verdad para cambiar el mundo.
No se refería este buen señor a que un solo blog fuese capaz de poner en jaque a los medios tradicionales, como algunos gurúes se afanaban en asegurar en sus mítines blogueros, sino que se refería más bien a que los blogs, dado que sus autores eran la gente llana de a pié, sí que se podrían convertir en una verdadera voz de lo que los medios tradicionales acababan silenciando en sus cartas al lector y líneas editoriales. Nada más lejano a la realidad que aquello en lo que llegué a creer a pies juntillas.
Cinco años han pasado desde aquel entonces con todas sus noches y días.
Cinco largos años de disfrute que no han servido para hacer nada más que cambiar una sopa de letras y alguna que otra chorrada más. Quienes eran influyentes en aquel entonces lo siguen siendo ahora. Quienes copaban la atención de los demás bloguers lo siguen haciendo ahora. Y lo que es peor, muchos son importantes ya no por lo que dicen, sino por la fama adquirida. Realmente hay pocas cosas que digan éstos que valga la pena referenciar. Y lo que es peor, mucha de la relevancia que tienen la obtienen de blogs que en su inmenso complejo de inferioridad, se miran en ellos para mínimamente advertir cuan influyentes pueden llegar a ser ellos mismos.
Al final el dicho de la pescadilla que se muerde la cola tuvo su plasmación gráfica en esta blogosfera nuestra que no ha servido más que para hacer nuestros egos más grandes y ostentosos.
Hace cinco años hubo miles y miles de bloguers, incluyendo a algunos que se han quedado solos en la vivencia de esa utopía en la que ya ni ellos mismos creen, que vislumbraron un cambio real en la conciencia colectiva de todos nosotros.
Muchos, entre los que me incluyo, no conocimos el reconocimiento de los demás nunca. Luchamos por ser considerados blogs, después por defendernos de los ataques de quienes veían en la publicidad un atentado a la blogosfera en sí, más tarde contra la censura a la que nos sometía la propia plataforma que nos brindaba la oportunidad de bloguear y años después contra la incomprensión y pasotismo de millones de usuarios que preferían ver en sus blogs otras cosas antes que la posibilidad de hacerlos herramienta de comunicación.
Durante cinco años no me han faltado batallitas en las que pleitear con otros, utopías que salvar de la desidia de muchos y variedad de temas con los que intentar hacer de este blog algo más que una simple bitácora al uso.
Junto a mi, tanto por delante como por detrás, no me han faltado otros blogs con los que sentirme acompañado. Otros con los que intentar influir, creo que positivamente, en la forma de ver la blogosfera que tenían ellos. Pero esas cosas no se consiguen fácilmente y la prueba de ello es observar la blogocosa tal como está ahora estructurada.
Hubo una vez que alguien me preguntó porqué en algunos artículos utilizaba la expresión blogocosa y porqué en otros blogosfera.
La respuesta es bastante sencilla, aunque lo peor de ella es darse cuanta de que en este blog, con el pasar de los años, la primera ha ido adquiriendo un protagonismo inusitado mientras que la segunda ha ido cayendo poco a poco en el olvido gramatical de este juntaletras, y para algunos soberbio servidor de todos ustedes.
En un principio todos fuimos bloguers y todos formamos la blogosfera, pero la aparición de los gurúes, esos que decidían lo que era importante para el resto dada su relevancia ganada a base de tiempo de permanencia en la blogosfera más que en la importancia real de todos sus escritos, hizo que apareciera una acepción específica para su micromundo particular, la blogocosa.
Eso, el tiempo y la relevancia que les daban otros blogs a estos primeros gurúes, hicieron que la blogocosa se fuese ampliando conforme nuevos bloguers se sumaban a esta inmensa red de blogs. Con cada nuevo bloguer aparecían más y más blogs que se dedicaban a decir a quienes leer, sobre qué escribir, qué pensar…
Eso hacía que los nuevos creyeran que por reseñar y hablar de lo mismo que lo hacían los grandes uno se convertía también en importante. Daba igual que nuestro artículo fuese casi una copia del original, lo importante era que escribiéramos sobre ello. Y eso hizo que más y más bloguers pensaran en referenciarse los unos a los otros para ganar enlaces y así obtener autoridad.
El final es conocido por todos ustedes, la blogosfera que en un principio era inmensa, ha acabado convirtiéndose en la hermana pequeña y desaliñada de otra más creída, más egocéntrica y más vaporosa llamada blogocosa.
Cinco años y las cosas están más o menos tal cual estaban en aquel entonces.
Los mismos siguen luchando por diversas cosas, mientras la inmensidad de los que los rodean miran para otro lado y los dejan hablando solos. Solo una cosa ha cambiado, los blogs ya no son la voz de la gente de a pié, ahora lo son las redes sociales.
No me dirán que no es curioso que una herramienta que nos permitía tener nuestro medio de comunicación particular haya quedado obsoleto, mientras que otra, que nos limita los escritos a 140 caracteres la haya desbancado.
No me dirán que no es curioso que se nos intente vender la moto de que ahora con cuatro letras mal juntadas seamos capaces de plasmar una idea en un time line que nos hace imposible seguir un razonamiento de más de dos actualizaciones, y que otra que nos permitía explayarnos y contextualizar todos y cada uno de los puntos de vista que nos hacían llegar a una conclusión propia ya no sean de una utilidad real.
Cinco años y todo sigue igual…todo menos yo.











