Hoy escuchaba en Punto Radio la entrevista que le hacían a un señor, que creo que era astrónomo y que era preguntado sobre las posibilidades de vida en otro planeta y demás preguntas recurrentes que se realizan cuando lo que está frente al entrevistador es, ni más ni menos, que una personalidad reconocida por sus propios compañeros.
Y escuchando esta entrevista y atendiendo a una respuesta en particular, me he sumido en un mar de teorías propias, y no tan propias, que me han echo pensar en esa posibilidad y las cosas que podrían ocurrir en caso de que se hiciera público tal descubrimiento.
Sorpresa, incredulidad y alegría.
Yo creo que el primer sentimiento que recorrería el mundo civilizado sería el de una inmensa alegría. La sensación que se producirían en millones de individuos sería la misma que tiene alguien al descubrirse por fin al mundo que lo rodea. No creo que en ese momento cada persona sintiera esa soledad como propia, sino que sería más parecido al vencimiento de un desamparo generalizado, oculto a nosotros mismos por nuestras propias mentes. La sapiencia de que ya no estamos solos, que no somos el único planeta vivo en el universo, que siempre habrá, desde ya, alguien a quien podríamos pedir ayuda en caso de necesidad...
Sin duda la alegría sería una de las emociones más repartidas por todo el mundo. La alegría y por supuesto la sorpresa. Ahora mismo, entre los miles de millones de humanos que habitamos la tierra, hay más bien pocos que teoricen de verdad con esta posibilidad. Sin duda, el solo echo de plantear esto en una tertulia con los amigos nos echa encima un sinfín de miradas de incomprensión que nos transmiten un directo y conciso mensaje: “¿No hay más cosas en las que pensar y que sean más serias que eso?”. Por ello, la sorpresa y la incredulidad serían uno de los primeros sentimientos, unido todo a la de la alegría una vez pasados estos dos primeros estados anímicos.
Esperanza.
Tal vez, el sentimiento que seguiría a la alegría, cabría suponer que sería la esperanza. Una vez comprendida la magnitud del universo que nos envuelve, podríamos esperar de todos nosotros un deseo irrefrenable por que esos seres de nuestro planeta hermano pudieran traernos soluciones a las enfermedades que nos avasallan sin cesar. Esa esperanza se vería reforzada si, tras podernos comunicar con ellos, pudiéramos demostrar que tuvieran una tecnología similar o inferior a la nuestra. Eso, sin duda alguna, eliminaría ipsofacto de la ecuación, un miedo lícito a una invasión extraterrestre.
Comprendamos que en la vida animal, el pasar desapercibido es esencial para las presas, ya que el depredador necesita saber que ésta existe para poder cazarla. En el caso de la tierra, sin emisiones de radiofrecuencia capaces de alcanzar más de dos años luz de distancia sin que estas finalmente acaben confundiéndose con el ruido espacial, esa invisibilidad se hace más que patente.
Progreso.
El descubrimiento de un planeta habitado por otros seres, o con posibilidades de serlo, sería un golpe definitivo al aislamiento internacional de muchos de los países, que aún perteneciendo a diferentes organismos internacionales, mantienen entre si las fronteras que dividen a sus ciudadanos. Ello conllevaría que los países, en un sentimiento de fraternidad más que fundada, alimentada ésta con la que sus ciudadanos sentirían, irían perdiendo el miedo a la confianza mutua. En un principio, el progreso no nos lo ofrecerían los extraterrestres, sino la humanidad misma.
Sin duda, creo, que el trabajo en equipo de decenas de países en el intento de proveer a la humanidad de una tecnología superior con la que poder mantener relaciones con esos vecinos de una estrella lejana, darían un giro de ciento ochenta grados en la economía mundial, haciendo que decenas de países, ahora tercermundistas, se unieran al progreso generalizado para así salir finalmente, en cincuenta o sesenta años, del pozo de las hambrunas y las enfermedades infecciosas.
Se crearían estamentos Internacionales que esta vez sí representarían a la humanidad entera, dado que ese sería su único propósito.
Cuando hablamos de estamentos internacionales seguramente pienses en la ONU, pero lejos de ser algo parecido a esta Organización, el nuevo estamento Internacional sería creado, expresamente, para aunar esfuerzos en la cooperación Internacional para poder hacer posible, en el menor tiempo posible, una comunicación fluida con nuestros hermanos.
La ONU se creó tras una guerra mundial para preservar a la humanidad de una guerra parecida en un futuro. Esta finalidad se ha visto últimamente que es de imposible cumplimiento, ya que en su propia construcción se dio alas a la capacidad de veto de algunos países. Ello hace que las decisiones que la ONU expone al mundo, lejos de ser un acuerdo entre los más de ciento sesenta países que la componen, sea el resultado de una partida de ajedrez que se juega en los despachos de los Ministerios de Asuntos Exteriores de cinco países, USA; China, Rusia, Reino Unido y Francia.
La aceptación de la no soledad y el aperturismo generalizado.
Yo creo, que una vez ya salvados los escollos iniciales sobre la veracidad o no de la presencia de otro planeta habitable en el universo con vida propia en él, conllevaría a que las personas y en consecuencia los gobiernos, dejarían de centrar sus políticas en su propio territorio y llevarían a cabo masivos desplazamientos de acercamiento a los demás países. Esto, sin duda, pasaría por la presión popular.
Creo que para poder comprender mejor aquello a lo que me refiero, podría poner un ejemplo sencillo. Pongamos que un niño juega en un jardín. Durante toda su vida ha jugado solo. No había nadie más con quien jugar y su jardín estaba delimitado por un seto gigantesco que no permitía vislumbrar nada más que el pequeño trozo de tierra sobre el que estaba sentado.
Todos sabemos, que en la relación fuerza y determinación entre una madre y su hijo gana la madre. Ahora sustituyamos mentalmente a la madre por los gobiernos y al niño por el pueblo gobernado. Mientras el pueblo no ha visto posibilidad alguna de que hubieran otras posibilidades de convivencia, los gobiernos han mantenido las barreras entre los propios ciudadanos cerradas. No había lucha sencillamente porque no se pensaba que se pudiera vivir de otra forma.
Ahora pongamos que finalmente el seto, ese seto tan grande y alto, cae parcialmente dejando ver a otro niño al otro lado. Eso conllevaría una revolución tal en el comportamiento del niño, y un deseo tal de jugar con el otro por parte de éste, que acabaría obligando a la madre a permitirle hacerlo. A ese aperturismo me refiero.
Tal vez en un principio no, pero conforme fuera pasando el tiempo las fronteras, tal y como las vemos ahora, dejarían de tener sentido. La humanidad asentaría en el fondo de su corazón un sentimiento de hermandad tal, que las disputas, los egoísmos y demás sentimientos que imposibilitaran la relación entre países vecinos, acabarían por ser vencidas llevando irremediablemente a sus habitantes a una convivencia pacífica y centrada, exclusivamente en la construcción del puente necesario para acercar definitivamente a los dos planetas. Por dejarlo visualmente claro en un principio, la Tierra acabaría siendo representada por un solo presidente que hablaría en nombre de toda la humanidad y que sería elegido por toda ella. Más o menos como en las películas, pero de verdad.
Y ya está.
Todas estas cosas creo que son las que sucederían , en un orden más o menos parecido al que he expuesto en este post, si resultara que mañana apareciera en todos los periódicos del mundo la noticia del descubrimiento de un planeta habitado.
Ya lo se, es un post algo raro para este blog y si, no es muy normal en mi, pero cuando he escuchado hablar de la impresionante cantidad posibilidades de que realmente no estemos solos en el universo, no he podido más que preguntarme cómo reaccionaríamos todos con esta noticia.
Sin duda la relación de acontecimientos se podría tachar de buenista, pero qué le vamos a hacer, también yo soy algo bohemio cuando pienso en estas cosas jejeje
Pd:
Tristemente no hay noticia alguna que insinúe mínimamente esta posibilidad y por tanto todos y cada uno de nosotros seguimos jugando en nuestro jardín particular sin siquiera preguntarnos qué hay al otro lado del arbusto que nos rodea.
Los países continúan ejerciendo políticas restrictivas con aquellos países que no están en las organizaciones internacionales que los representan, y el tercer mundo, por tanto, se mantiene olvidado y desamparado al albur de las hambrunas, las infecciones y la podredumbre generalizada.
A esto se le une la nula capacidad de movilización de las personas en general, que lejos de hacerse eco de los problemas que aquejan al mundo, se quedan de brazos cruzados frente a sus ordenadores, o las televisiones y radios, mientras se quejan de que sus gobernantes no hacen nada para remediar los problemas que los aquejan.
Sin una humanidad con conciencia de su propia existencia y de lo que representa en el universo, y sin el sentimiento de hermandad que esta noticia implantaría en los corazones de todos los ciudadanos, la soledad y el aislamiento continuarán siendo no solo parte de todos y cada uno de nosotros, sino también de nuestros propios gobiernos.
Tal vez, si hubo alguna vez un mentira piadosa que pudiera ser aceptada no solo por unos cuantos, sino por millones de seres humanos, sería sin duda la de la existencia de otro planeta habitado. Aunque se tuviesen que inventar el descubrimiento. Posiblemente millones de personas dejarían de vivir en la indigencia gracias al acercamiento de países hermanos sumidos en guerras injustas. Tal vez los avances médicos dejaran de estar vetados a los países tercermundistas. Tal vez los humanos solo fuéramos eso, humanos, y dejáramos ya de etiquetarnos de negros, blancos o amarillos, pasándo así a ser únicamente eso que todos hemos sentido alguna vez viendo una película de extraterrestres, humanos unidos gracias a la inmensidad del universo que desde siempre nos ha rodeado.
Si llegaste aquí, amig@ lector@, es que estuviste muy aburrido. Al menos espero que el post te haya ayudado a imaginar, por un instante, un mundo diferente al que actualmente nos acoge.
Escrito por Antonio E. Zafra |