Cuando hablamos de imparcialidad, automáticamente pensamos en los medios de comunicación. Y si, tal vez esta asociación automática que nuestra mente nos ofrece, sea la más errónea en la que podamos incurrir.
Y decimos que no es real esta percepción, por las propias pruebas que el día a día nos aporta.
Pensemos en cualquier medio y hagamos una reflexión franca con nosotros mismos. Nombremos una serie de medios de comunicación y divaguemos sobre en qué lugar del arco parlamentario estarían más cómodos.
SER, Cuatro, Onda Cero, Canal 9, Canal Sur, Telemadrid, La Sexta, ETB, TVG, El Mundo, La Vanguardia, COPE, Las Provincias, Intereconomía, Popular TV, El País, La Razón, TV3, ABC, El Jueves, TVE , Tele 5, 20 Minutos.
Podríamos poner muchos más, pero lo dejaremos en estos y desde aquí comenzaremos a trabajar.
Para los que nos lean desde fuera de España, les diré que los aquí representados, son los medios que están normalmente en boca de todos a la hora de referenciar una noticia. Son lo que podríamos llamar, los medios tradicionales, la prensa de siempre.
Y ahora nos toca a nosotros, los que nos leemos desde España. Como habréis podido contemplar, entre todos los medios nombrados aquí, no se podría decir que ninguno brillara con luz propia por su imparcialidad. Ninguno, absolutamente ninguno de los medios descritos, son trigo limpio a la hora de hablar de imparcialidad. Más bien al contrario, todos y cada uno de ellos cojean del mismo pie, ya sea izquierdo, derecho o independentista. A todos ellos se les ve el plumero según el prisma desde el que se los mire.
Yo no diré si un medio es de un partido o no, pero si tú has sido capaz de identificar a cada medio con un partido político o al menos con una orientación política, ya sea la nuestra o la contraria, convendremos en que la imparcialidad es una utopía que se ha instalado muy profundamente en nuestros medios de comunicación.
En algún momento de la historia, los medios pasaron de ser información a adoctrinamiento.
Y esa es justamente la fatalidad que nos persigue. La opinión nunca puede ser imparcial, y si los medios de comunicación están dominados por la opinión de sus periodistas, el resultado que ofrecen nunca puede ser tomado como información pura, si no como manipulación parcial de una verdad.
Da igual que nosotros queramos creer que el medio de comunicación al que solemos prestar atención es imparcial, para aquellos que voten diferente a nosotros, este medio de comunicación tampoco será imparcial.
Dará lo mismo lo mucho que nos encaprichemos en decir que tal o cual medio ofrece solo información, según el prisma desde el que sea visto el susodicho, la información será eso, información o aleccionamiento. Las verdades no serán completas y si medias mentiras. Y la noticia será, a fin de cuentas, un ataque contra el contrario, una cortina de humo desesperada, o una verdad incontestable.
Vuelve a leer de nuevo la lista de medios, o hazte tú la tuya propia.
La maldad de esta verdad, es que para un usuario normal y corriente como tú y yo, la parcialidad es algo sobre lo que nos tenemos que mover continuamente. Cuando toda una población es informada por medios que son completamente parciales, y hacen de sus herramientas de comunicación un atril desde el que hacer llegar sus convicciones a sus oídos, esta se convertirá en una simple y llana víctima de la evangelización imperante.
El resultado no es una sociedad informada, si no una acumulación de sujetos que se limitan a pretender adivinar cuanta verdad hay en una noticia y cuanta mentira en otra. Personas que no reciben información pura, gente que tiene la desgracia de vivir en la desinformación.




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